En la web, iniciar sesión con Google toma dos toques y cero dramas. En Android fue todo un drama coreano 🫶.
El botón abría Chrome por su cuenta, pedía la cuenta y te dejaba varado afuera: pasaje de solo ida, sin boleto de regreso a la app. Lo cambiamos por el inicio de sesión nativo del sistema y llegó la segunda sorpresa: elegías tu cuenta, el selector se despedía con reverencia impecable y Nimbus seguía jurando con cara de palo: «You're not signed in».
Iniciar, iniciaba. El detalle es que en el teléfono convivían dos sesiones en mundos paralelos: la de Android y la de la app. El plugin solo le avisaba a la primera, mientras la pantalla que manda seguía esperando noticias que nunca iban a llegar. Tuvimos que presentarlas a mano para que por fin se hablaran.
Pero el despecho volvió por la puerta falsa: tocabas «Sign out» y no pasaba absolutamente nada. Cerraba una puerta y dejaba la otra abierta de par en par. Dos entidades que comparten el mismo techo pero no se comunican nunca terminan bien. Ni en el software, ni en las parejas.